
Si pudiera imaginar cuantos poemas, canciones, historias, pinturas, obras de arte se han hecho para tratar de plasmar lo que significa la mujer para cada uno de nosotros, ¿cuantas guerras se han librado? Cuantos gobiernos han caído o se han levanto por una mujer? Cuantos hombres se han emborrado con la vehemencia por el amor de una mujer?
En fin, pero cuando se realza en tantas expresiones la figura de la mujer sobre todo en su belleza, lozanía y juventud; pienso en tantas mujeres que son la energía viva y el centro de tantas existencias. Visualizo a la anciana que trabaja en el mercado, a la mujer que refriega ropas en casa ajena para llevar el pan de cada día; pienso en la maestra de escuela que atiende día a día, a más de 30 niños postizos, en la mujer profesional que abre mundos y mejora todo en lo que ella participa, en la madre soltera que con gran afán es padre y madre a la vez.. En la niña, en la joven, en la vieja, en la fea y en la bella, en la frívola y en la austera, en la mala y en la buena, en todas ellas, que saben guardar muy bien el secreto de Dios.
“Si el Universo tiene un fin claro, evidente, innegable, que está al margen de las filosofías, ese fin es la Vida, la Vida: única doctora que explicará el Misterio; y la
perpetración de la Vida fue confiada por el Todo, el Ser de los Seres a la mujer”.
Cuando el hombre y mujer se unen en esa simbiosis maravillosa y única, cuando se funden en el amor, hasta que no son nada, sino que el todo en si mismos, ella se transforma en la colaboradora efectiva de Dios.
Como dice Huidobro, “su carne no es como nuestra carne”. A mi parecer es suave, profunda, con olor a tierra mojada, con sabor a fruta recién dada, con un espíritu tierno y delicado, que con su sentido le da sentido a todo. Por más pérfida que sea hay algo divino en ella.
“Dios mismo encendió las estrellas de sus ojos irresistibles”, Jan Neruda (Padre en la poesía de Pablo Neruda)
Y si el Amor de Dios se parece a algo en este mundo, es al amor de las madres......
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