
Cuando más conozco la política más me desagradan los políticos, pero soy un animal que pertenece a la misma naturaleza y no desconozco que existen aún personas muy honorables que trabajamos día a día por un Chile mejor, tratando de ser espada y escudo de los que más necesitan….
Pero me llama la atención que en todas las encuestas de opinión pública, muestran que el desprestigio de la actividad política ante la ciudadanía es un proceso que, lamentablemente, está lejos de revertirse. Por el contrario, se consolida y se extiende. Ya no afecta sólo a los dirigentes partidarios y a los parlamentarios. Ahora involucra transversalmente a toda la clase política,
Pero que digo? “clase política”?, tal vez este concepto ha corroído el sistema, porque la política la concibo como una fuente ideológica y activista sobre todo en lo social, no siendo una nueva denominación de “clase social o profesionalización” en nuestro país…..
Indudablemente esta situación no es buena para Chile. Nadie puede sacar cuentas alegres ni tratar de beneficiarse con ella.
Lo que corresponde más bien es comenzar desde ya a corregir las conductas que transmiten una mala imagen a la opinión pública, que son aquellas que muestran falta de respeto por las personas, incumplimiento de los compromisos adoptados, predominio de intereses particulares por sobre el bien común, atropello a la legalidad, actitudes desleales, falta de competencias profesionales para las tareas a su cargo y, en general, un comportamiento impropio de quienes tienen una alta investidura pública o un cargo de representación popular.
Es un ejemplo que las autoridades del fútbol hayan aplicado drásticas sanciones a algunos jugadores que incurrieron en actos incorrectos, mientras en el mundo de la política más bien priman conductas de defensa corporativa y se dejan en la impunidad situaciones que a todas luces infringen la ética o la legalidad. Este tipo de acciones, más allá de las explicaciones que puedan darse, producen desconfianza hacia quienes las practican.
Los líderes deben predicar con el ejemplo. Más que las palabras, son las conductas las que marcan las señales más poderosas. El principal rasgo del liderazgo debe ser la capacidad de transmitir confianza a las personas, que se funda en acciones, en hechos, no en declaraciones. Lo que se evidencia en los juicios negativos hacia la política es una enorme desconfianza por parte de la gente, lo que ciertamente es muy grave.
Este es un problema que involucra a todos los sectores, de Gobierno y de oposición. Incluso, es cuestión que interesa a todos los actores relevantes de la vida nacional.
Mejorar la calidad de la política es condición necesaria para retomar elevados niveles de crecimiento que nos permitan terminar definitivamente con la pobreza; ofrecer oportunidades equitativas a todos los chilenos, y construir una sociedad más justa y fraternal.